. . . . .. . .. . . . . .. . . . . . . . . . . . . .. . . . . . .. . . . . .. . . . . .. . . . . .. . . . . .. . . . . .. . . . . .. . . . . .. . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Mostrando entradas con la etiqueta Reflexiones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reflexiones. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de noviembre de 2018

El último día

Una de las cosas que más (me) duele de fallar a los demás es que, aunque no te des cuenta, también te estás fallando a ti mismo. Es curioso cómo el tiempo pasa sin apegos por encima de aquellos a los que va avasallando. Pero es aún más curioso ver e incluso ser conscientes de cómo nosotros nos dejamos avasallar. Es como si viéramos venir el tren y, en vez de apartarnos, nos quedáramos ahí parados, observando cómo se acerca sin importarnos lo que ocurra.

...

Pero yo ya estoy harta de dejarme atropellar impasivamente; harta de que el tiempo se me suba a la chepa y de quedarme parada sin hacer nada. Harta de vagar entre "luego's" que se estancan y nunca llegan a transformarse en "ya está's" y que alguna que otra vez se quedan en la crisálida del "lo estoy intentando". Estoy harta de que la realidad pase por un filtro, que ignoro porqué no está ya destruido, y se transforme en algo totalmente distinto, porque ese filtro sea el asesino de las ilusiones. Harta, muy harta de auto convencerme de cosas como que "querer" se basa en abrazos y "te quiero's" cuando el simple hecho de estar, en cuerpo -más o menos, pero estar- y, sobretodo, mente y corazón, lo demuestran por sí solos. Harta de tener que caer tan bajo porque no soporto la verdad: porque las palabras se las lleva el viento, los gestos dejan un recuerdo, pero lo que sientes queda tatuado para siempre en el alma. Y eso es lo que, pienso, cuenta de verdad.

Sí, estoy harta.
Harta de hacer memoria y, a veces, perderme en ella. De regalar mi tiempo a pensamientos que ya no tienen cabida en el presente. Y de regalar sentimientos a personas que no saben corresponderlos. Y de decidir contando en los demás antes que en mi, solo por miedo a perderles. Harta de cuestionarme tantos porqué's cuya respuesta es tan clara como la ausencia de la misma. De verdad que siento que hay días en los que la añoranza gana el pulso... y tal vez, solo tal vez, por eso me preocupa tanto el futuro: porque, en esos casos, es único lugar al que se puede huir. Y me agobio. Y vuelvo a ausentarme. Y vuelvo a perderme. 
Libros
También estoy harta, hartísima de darme un rato -y dos, y tres, y mil...- para mi, para re ordenar mis pensamientos, para enfocarme en lo que quiero o, simplemente, para reflexionar, cuando lo que de verdad quiero está fuera; está en el hacer  y no tanto en el pensar que lo voy a hacer; está en el intentar, acertar o fallar, e incluso en el aceptar y tratar de hacer otras cosas. Harta de auto compadecerme y pensar que estoy dando todo de mi cuando sé perfectamente que soy capaz de dar mucho más que eso. Que existe un potencial patente, pero hay otro por descubrir y con las excusas no se consigue otra cosa que taparlos. A los dos.

A los dos. Al que te ha hecho y al que te hará. Al que puede que ni siquiera sepas que existe, pero está. Al que ignoras, del que no quieres saber porque, ciertamente, te da miedo. Avanzar, a veces, es terrorífico. Mover ficha contra el destino a veces es costoso, siempre arriesgado. Por eso estoy harta, por esas veces que me dejé arrastrar por el tiempo otorgándole el control de mi vida. Harta por el simple hecho de pensar que algún día pude ser una simple tripulante cuando debería haber sido capitana.

Lo cierto es... que estoy cansada de ser consciente de todo esto y no haber querido aceptar hasta el momento que hubo mucho tiempo durante el cual, simplemente, no quise aceptarlo.

"Estoy demasiado harta de todo y por eso este será el último día" me dije. 
"Que no volveré a hartarme tanto por tanto"
"Que me daré mi lugar, a mi y
a mis pensamientos,
porque es normal
hartarse,
pero 
no
es bueno resignarse"


*   *   *
Gracias por llegar hasta aquí :)

sábado, 3 de marzo de 2018

La caja

Siento haberte cargado con todo esto, sé que pesa pero no podía hacerlo sola. Necesitaba que la llevaras tú un rato, que la soportaras, que lo hicieras por mí. Si no querías estabas en tu derecho, es más, lo habría entendido perfectamente porque veo que tú también llevas algo... por eso te agradezco tanto que me hayas ayudado.

Si quieres saber lo que hay dentro... bueno, eso no te lo puedo decir, es un secreto. Pero no te sientas mal, por favor, porque ni siquiera yo lo sé la mayoría de las veces. Quiero decir, si abriera el paquete seguramente reconocería lo que hay, pero cuando está cerrado... Son cosas que voy guardando, que se acumulan y cuando quiero acordar, insisto, me pesan tanto que no siempre puedo con ello. 


Lo cierto es que podría abrirlo y dejar cada cosa en su sitio, el problema es que no siempre sé cuál es y por eso las llevo conmigo. Es complicado gestionar este tipo de cosas porque son muy delicadas y hay momentos en los que cuesta más hacerlo que en otros. Se supone que lo mejor es pedir ayuda a alguien en quien confíes mucho para que, desde su posición, te ayude a colocar y te eche una mano con los objetos más pesados. De hecho, yo misma he pedido ayuda a algunas personas importantes, a pesar de que no me gusta hacerlo. No porque haya ido mal, al contrario. Es que siento que es una molestia. Son mis cosas y no tengo porqué cargar a nadie con ellas. ¿Que si puedes hacerlo solo? Por supuesto, pero es algo más complicado: se necesita mucha fuerza y tener la mente serena para organizarlo todo correctamente y que no se desperdigue por todas partes. En definitiva, es preferible ser socorrido antes, que una vez las he metido en cajas, porque así, hacinadas, pesan mucho más. Pesan y molestan. Están hechas un caos y algunas se enredan entre sí... y en fin, ese es el momento en el que le doy la caja al primero que pasa poniéndole en un compromiso. Entonces ni siquiera soy consciente, simplemente me deshago de ella; pero después me siento fatal. Sí, es lo malo que tiene no querer pedir ayuda antes, cuando todo te desborda, que luego haces las cosas de otra manera y se tuerce todo. 

Y lo peor que te puede pasar no es solo cargar a otros con tus cosas, es que los otros las tiren y las rompan. Sí, hay gente que lo hace. No tiene porqué romperse nada, pero suceder, sucede. Sí, porque la gente no tiene porqué cargar con nuestras cosas, no tiene porqué llevar esa caja cubierta de pinchos y cinta adhesiva en la que pone 'RABIA', sólo los que de verdad te quieren lo harán y te perdonarán. Solo los que te quieren de verdad se darán cuenta de que todas esas cosas que guardas dentro son importantes para ti y necesitas mantenerlas ahí hasta que encuentres su sitio. Solo quien te quiere de verdad, te ayudará a soportar el peso. Ahora bien, ten cuidado, que hasta el más fuerte se cansa.


*   *   *
La rabia y lo que nos guardamos acaba saliendo ¿es o no es? 
En fins, no he estado muy fina, pero espero que 
al menos, hayas disfrutado leyéndola.
Gracias por llegar hasta aquí :)

miércoles, 27 de diciembre de 2017

La Substancia

Lo he sentido. Algo dentro de mi se desplazaba a toda velocidad y salía por cada poro de mi piel como un torrente irrefrenable. Como si cada pequeña molécula que formara esa extraña sustancia invisible se agolpara en la salida y no encontrara cabida para hacerlo tan rápido como quiere. Cuando ese algo llega a su destino, desaparece. Podríamos hablar de un acto desesperado que cumple una función vital.

Los más débiles pueden verse envueltos en una vorágine fatal que termina con un descontrol total de sus propios actos, los cuales pasan a ser capitaneados por la substancia. Que ¿a qué me refiero con débiles? Bueno, cuando el cuerpo expulsa dicha substancia, experimenta un dolor difícil de soportar. La sensación es letal, pero depura. Sientes una especie de angustia, pero se debe a que la substancia es adictiva y una parte de ti no quiere deshacerse de ella. Conforme va apoderándose de ti, genera pensamientos que de puertas para adentro te hacen sentir superior, pero de puertas para afuera, resultan todo lo contrario. 

Te estarás preguntando de dónde sale todo este germen invisible. Por lo visto se origina cuando la persona posteriormente afectada detecta algún acto de injusticia incomprensible realizado hacia sí misma. Las claves son 'quién', 'qué' y 'porqué'. El 'quién' es la cuestión más relevante, pero aún así, cuando alguna de estas tres preguntas se te escapan, la substancia comienza a tomar forma. ¿Por qué el 'quién' es la más importante? Porque suele ser alguien con quien compartes una relación suficientemente buena como para que no te haga cierto tipo de cosas. Total, que partiendo de esta base, no estamos a salvo de la substancia en ningún caso. Pero no hay que alarmarse, es fácil de descomponer y cuanto antes lo hagas mejor. 

La sensación de deshacerte de la substancia podría asemejarse a la que te deja un fisio: infringe cierto dolor, pero pasado el tiempo, te sientes como nuevo. El tiempo, un factor importante. Como decía, cuanto antes te deshagas de la substancia, mejor. Basta con cuatro golpes de realidad, un poco de olvidar y el ingrediente que no puede faltar, la fuerza (mental).

Lo he sentido. Se desplazaba dentro de mi. Pero ya no. ¿Lo has sentido? ¿También se ha desplazado dentro de ti? Puede que lo esté haciendo ahora mismo. Espero que si es así, lo destruyas antes de que él te destruya a ti. 

*    *    *

Es horrible lo imbécil que te sientes
cuando alguien traiciona tu confianza
para beneficiarse de ella,
pero definitivamente, es mucho peor
dejarse llevar por el rencor.
Y más habiendo tantas formas productivas de canalizarlo, ¿a que sí?

En fins, gracias por haber llegado hasta aquí :)

lunes, 25 de diciembre de 2017

¿Quieres entrar en mi Bazar?

Buenos días, buen visitante, 
gracias por venir,
tengo algo alucinante
que ofrecerte,
así que no esperes,
pasa por aquí.

En esta tienda hay de todo
vamos,  no te cortes, 
echa un ojo y
si quieres algo, dame un par de voces.
Sin compromiso, con cautela,
te pediría que no toques, 
pues todo lo que vendo es frágil
y reacciona al mínimo roce.
Por ello insisto: tú pregunta,
¡que por mí no sea, hombre!

Veo que vas a este pasillo, que
si te digo la verdad,
no me gusta mucho pisar,
es algo peligroso,
¿qué dices? ¿que manejas? 
de acuerdo,
por ser tú, te voy a dejar.

Te explico, no tardo, 
hay pociones abiertas de par en par,
también hay cosas brillantes
que si miras mucho, pueden estallar.
Son mejunjes y brebajes, 
con poderes difíciles de sopesar,
pues consiguen controlar mentes...
aunque algunas resisten con facilidad.

¿Qué buscas? Mm, algo efectivo,
tranquilo, seguro que lo podremos encontrar,
como te he dicho, hay de todo
(aunque no a todos les afecta igual).

Lo que necesitas, según entiendo,
es algo que te ayude a conquistar,
no te importa lo que dure el efecto,
simplemente quieres enamorar.
Sentirte querido,
dejar de verte solo
y de paso, a tus carnes alegrar.
Mira esto,
lee las instrucciones,
a cualquiera no se lo puedes dar.
Las condiciones son concretas:
debe tomarla alguien 
con suficiente bondad,
que confíe en las personas ciegamente
que sea, en definitiva, fácil de engañar.

De acuerdo, de acuerdo,
pero déjame continuar,
mi contrato exige que te alerte de todo
antes de que lo puedas comprar.
Los efectos son inmediatos,
pero tú debes ayudar,
poner de tu parte, ya sabes,
engatusar.
Vende el humo del brebaje
y todo estará,
en cuanto se acerque y lo huela,
tu víctima caerá.
Cuidado, insisto, con el uso que le das,
según me has dicho solo le quieres
dar una utilidad
que se consigue de paso, 
pero no como finalidad.

En fin,
¿Estás seguro? a la víctima le dolerá.
Ah, ¿que no te importa?
Me gusta,
eres de los míos, ven,
que te voy a cobrar ya. 

Toma esto, visitante,
por tu cara, te va a encantar,
pero recuerda y ten presente
lo que digo, aunque no te vaya a gustar:
si tu víctima es fuerte,
tu suerte podría cambiar, 
se te podría poner en contra 
y eso sería fatal.
¿Que a qué me refiero con fuerte?
Ya sabes, una víctima que parece normal,
a la que le surten los efectos rápido
pero con la misma velocidad se le van.
Sí, amigo mío, eso ocurre.
Lo huelen y se dejan llevar,
confían en lo que hacen, en las personas
y en que nada les va a pasar.
Todos tenemos un talón
donde poder atacar
a ellas debes darle en la confianza
¿me entiendes? hacer como que se la das.
Ganarte la suya,
exponerte lo que haga falta
¿qué más da?
¡Si luego las vas a despachar!
Tu risa lo dice todo,
no me falta razón,
¿verdad?
Mas sigo con la advertencia,
para que no te vayas a despistar,
y te recuerdo que algunas,
con el bagaje que tienen
ya están acostumbradas
y se dan cuenta antes
que los demás.

Entonces , querido,
tal vez se quiera vengar
si se da cuenta del engaño de 
la poción "Vampiro Emocional".
Te hablo de un segundo nivel de fortaleza,
pero no te preocupes,
que existe otro más.
En este último, el definitivo,
la víctima decide pasar,
se limita a seguir su vida, pues
descubrir el engaño pronto
 le hace sentir más
fuerte y poderosa,
puede que elegante y algo perspicaz.

Hazme caso, que no es broma,
y elige bien, joven mortal,
esto supera cualquier cosa
que hayas probado antes
y no lo podrías soportar.
Cuida lo que haces, 
que los efectos secundarios
te pueden rebotar.

¿Cómo dices? ¿que yo lo vendo?
y reconozco mi maldad,
pero como demonio, me declaro
inocente, de lo que cada
humano hace con su libertad.

Así, joven visitante
se despide mi deidad,
me alegro de haberte conocido
pues dices mucho
al entrar en mi bazar.
Haces que me sienta orgulloso
porque se nota que mi presencia
tiene guardado un lugar
en mentes como la tuya
que, inquietas y estresadas,
se dejan llevar por el mal.


*   *   *




Esto va dedicado a todos los vampiros
emocionales que vagan entre las multitudes
e intentan absorber el ego de sus víctimas.
A tí, lector, te aconsejo que guardes abundantes 
reservas del mismo (ego) para cuando se te aparezca alguno.

Gracias por llegar hasta aquí :)






viernes, 25 de agosto de 2017

No me mires

No me mires, porque esta no soy yo. O mírame, este es un país libre. Es un país tan libre que no podemos soportarlo y nos vemos obligados a poner límites absurdos. O eso pensamos. Estoy convencida de que alguien ha borrado la línea que separa libertad y esclavitud y la ha puesto más adelante. Por desgracia, eso no cambia nada salvo la visión que tenemos de esa línea, porque al final, somos tan esclavos como el que más. Lo somos de las opiniones del resto, del seguir modas y del sentirnos bien a través de rituales prácticamente impuestos; del ser ultrajados a comentarios o miradas agresivas porque no cumplimos un canon de belleza o porque precisamente sí lo cumplimos; o del tener que callar la mitad de lo que pensamos por evitar ofensas infundadas.

No me mires, porque a veces me harto de sonreír cuando no quiero o de que me llamen borde o seria si no lo hago. Porque soy alegre y optimista, pero también soy una persona, bastante expresiva además, y te daré una noticia: me enfado, me entristezco, me frustro, me altero,... sí, todas esas emociones forman parte tanto de ti, como de mi.

No me mires, porque desde que me abrí a 'ti', me siento desnuda cada vez que te miro y no sé hasta qué punto he hecho bien. Porque quiero pensar que he acertado y confío en 'ti', pero sé que cualquier día me puedes dar la patada de la manera más burda y directa, o peor, de la manera más silenciosa y encubierta. Quiero pensar que si eso ocurre, al menos dejarás intacta esa parte de mí y me guardarás... ¿cómo se dice? ah, sí, respeto.

No me mires, porque me han tachado de loca más de una vez y no me avergüenza decirlo; no es que alardee, simplemente me acepto. Porque ya me escondí durante mucho tiempo tras una máscara seria y complaciente solo porque se suponía que así es como te tienes que comportar para que no hablen de ti y ahora he comprendido que cada uno tiene su manera de ser: su personalidad. Y he entendido que no existe patrón que la defina. Así que, si no te gusta alguien que ha sido capaz de salir y, aunque con recaídas, se siente capaz de muchas más cosas, como ser ella misma, simplemente, no me mires.

No me mires intentando sacar algo en claro porque te aseguro que no lo harás. Porque si no termino de conocerme ni yo misma, tú no vas a ser más; porque los nervios me retienen a actuar en ciertas situaciones, o en el peor de los casos, me animan a hacerlo con excesivo ímpetu. Que lo que ves, no siempre es lo que es, que te estoy engañando, a ti y sobretodo a mi en muchas ocasiones. Pero no me mires a mi, mírate a ti, porque pondría la mano en el fuego al afirmar que tú también te has escondido tras una máscara, tú también has tenido miedo de mostrarte ante el resto, o incluso ante ti mismo. Pondría la mano por garantizar que no soy a la única a la que he descrito.

miércoles, 16 de agosto de 2017

No me acostumbro

Hace apenas un mes que volví a casa. Llevaba muletas y cuando llegué al portal ¿sabes qué fue lo primero que pensé? tener cuidado por si venía corriendo y le pisaba. Él, supongo que como todos, era así. El sonido de la puerta de fuera ya le alertaba para esperar impaciente la llegada de cualquiera de los de casa. No me preguntes porqué, porque me siento estúpida diciendo esto, pero cuando me levanto por las noches a beber agua, aún voy con cuidado "por si le piso"; aún espero que se suba al sofá o a la cama y eche todo su peso sobre mi o que el hecho de no encontrarle cerca sea porque está escondido debajo de mi cama. Cuando me doy cuenta, me invade un sentimiento desolador y me siento terriblemente tonta. No sabría explicarlo con exactitud porque es cuestión de segundos, pero sé que es inevitable, ya que a pesar del tiempo pasado, aún no me acostumbro. 

A veces, mi lado masoca reclama su libertad y me pongo a ver sus fotos. No es habitual, lo habré hecho un par de veces porque me veo incapaz de sostener la mirada sin lagrimar, pero algo me dice que lo necesito. La gente dice que está bien para recordar los buenos momentos con él y no se lo niego porque entre lágrima y lágrima se me escapa alguna sonrisa, pero es que me revienta el hecho de que no esté. Que no se puedan repetir esos momentos o vivir otros. Sale la niña que llevo dentro en todo su esplendor y se enfurruña. Patalea y no para de preguntarse 'por qué' a pesar de saber perfectamente que, si bien hay cosas que no tienen explicación en esta vida, la muerte es la más inexplicable y certera de todas. 'Por qué se tuvo que ir', 'por qué no pudo esperar si me quedaban tres días para volver',... Lo que no olvidaré son los 'no puede ser' que no paraba de repetir, que siempre había escuchado en las películas y comprendí con todas las de la ley entonces.

En fin, supongo que tras este tipo de cosas, eres el doble de consciente de que hay situaciones con las que, simplemente, debes aprender a vivir. Que no hay vuelta de hoja, ni por donde pillar el asunto porque es así. Que no valen huelgas, ni reclamaciones a nadie, que por más que te quejes nada va a cambiar y que toca aprender a recordar sin que duela tanto. Porque hazme caso, y a quien haya perdido alguien importante lo sabrá, conforme pasa el tiempo te afecta de manera diferente, pero nunca deja de doler.

Bueno, si has llegado hasta aquí, no me queda otra que agradecértelo porque, en realidad, esto no tiene otro fin que el de desahogarme, así que gracias.

Y sobretodo, gracias a ti por los años que nos has dado.
Siempre estarás conmigo.

jueves, 12 de enero de 2017

Suerte intangible

Música. Melodía. Sonido. Ritmo.

Vibraciones en forma de ecos sonoros que se filtran en nuestros oídos provocando miles de impresiones a la vez; desde un repentino cambio de ánimo que hace exaltar emociones escondidas, hasta una inevitable avalancha de recuerdos que se pasean por la mete al compás de las notas como si de la escena de una película se trataran.

Fiel compañera de momentos en los que parecemos caer en un oscuro agujero infinito del que tal vez, no nos saca, pero al cual sí pones fin.

Droga auditiva que sacude todos los sentidos, aún siendo solo uno el que la percibe.

 Cuando escuchas una canción que te gusta, es como un vehículo que te trasporta a una especie de paraíso personal donde te encuentras con un clímax casi imperceptible pero palpable.

 Y cuando escuchas una canción que te gustaba, que hacía tiempo que no oías, sientes como algo te recorre el cuerpo; algo que sale del estómago y se va desplazando hacia la garganta, los brazos, y a veces -solo a veces- el lagrimal, y entonces se te pone la piel de gallina.

Tú, que no te conformas con ser arte y dotas de tal título a tus compañeros, cine y danza. Que has sido la clave para hacer que las emociones nos resbalen por las mejillas o hundan con desesperación nuestros dedos entre los cojines porque tú, sí, sí, tú eres mágica.



 * * *


¿Qué sería de la vida sin la música?
Ojalá nunca lo sepa. Ojalá nunca lo sepas. Y si lo sabes, ahí te la describo. Y sino, también. Porque pocas veces reparamos en nuestra fortuna, y por desgracia, la mayoría de veces, cuando lo hacemos, no tiene remedio.

martes, 27 de diciembre de 2016

¿Qué es la Navidad?

Si me preguntaran qué es la Navidad, respondería que son luces que iluminan los rostros de la gente y adornos que decoran con artificialidad las calles. No podría negar que veo negocio, aunque también veo risas. O que unas veces veo falsedad, pero otras esperanza. Si miro demasiado, veo recuerdos; si lo hago bien, los construyo. 

Veo...o creo que es una época dulce y muy bonita; suelo observarlo en la belleza que derrochan las calles. Sin embargo, También veo...o creo que es una época en la que se aprovecha para consumir todo lo que no se ha consumido, o al menos para hacerlo con excusa. No solo hablo de dinero, no solo hablo de comida, no solo hablo de oportunidades. Creo que es un pretexto para tener los detalles que no tendríamos en otra circunstancia; que es una ocasión para decir en el trabajo 'oye, que tengo que ver a mi familia' y hacerlo, y juntarte con tu gente, haga el tiempo que haga que no la ves y estés dónde estés; es el momento de acordarte de todos. De acordarte de cuando eras pequeño y jugabas con tus primos o tus abuelos o qué sé yo. Es el momento de mirar atrás, pero sobretodo de mirar lo que tienes delante y observar todo aquello que nos ha regalado la vida. Porque no hay mayor regalo que estar rodeado de la gente que quieres.

No todos pueden disfrutarlo de la misma manera. De hecho, no todos quieren hacerlo. Y es lógico. Cada uno tiene una forma de ver y hacer las cosas, y si te encuentras entre ese pequeño porcentaje de personas que se lo puede permitir, aprovecha, disfruta, agradece y vive. Pero hazlo cada día, que la Navidad no sea tu excusa.

Y para ti, ¿qué es la Navidad?

lunes, 14 de noviembre de 2016

El Pasatiempo de los Incapaces

Voy a pronunciarme por primera vez sobre este tema porque estoy HARTA de las quejas de la gente. No puedo más. Si te metes en cualquier red social, lo primero que lees son quejas y más quejas. No lo veo mal en el sentido de que es lógicamente necesario expresar opiniones ante aquello que nos indigna. Somos personas y es normal que queramos sacar fuera esos malos sentimientos hacia todas las injusticias que presenciamos día a día. No solo me refiero al ámbito político, ya me refiero a todos: la educación, las desigualdades en general, la violencia,... 
Claro que necesitamos hacernos oír. Pero ojo. Hacerse oír no consiste en escribir un indignado texto más o menos extenso tras el que, porqué no, compartes una publicación de Tasty. Si pusiéramos las mismas ganas en discutir y refunfuñar sobre el presente de nuestro país -bueno, y del mundo en general-, que en intentar cambiarlo de verdad, hostia, chapó. No me preguntes cómo porque no tengo la respuesta. Lo único que sé es que gran parte de esa gente que se queja está deseando conseguir un trabajo más o menos mejor para ganar más o menos dinero y poder irse a vivir una vida más o menos mejor.
"¿Y? ¿Qué quieres que haga?" DEJAR DE QUEJARTE. Si de verdad te importa tanto el país, haz algo para cambiarlo; si de verdad te importa tanto el mundo, haz algo para cambiarlo. Empezando por, no sé, tu mentalidad y tu forma de hacer las cosas. Qué estúpido suena y qué pena, porque así nos va. Vamos por el mundo con las orejeras puestas, atentos a lo que pasa delate de nosotros, pero no alrededor. Y parece mentira que, por la carrera que estudio, esté tan rodeada de gente que es, o debería ser consciente del poder que tienen los medios, y que a la vez parezcan ignorar la importancia que esto tiene por el hecho de que son ellos los que hacen de la política un circo romano. Nos sacan a los cuatro políticos de turno y ale, a pelear a muerte. Y nosotros mientras tanto observando y abucheando al que menos nos gusta.
Me molesta, y ya era hora de que lo dijera. 
Me molesta que la gente, de verdad, no sea capaz de ver más allá de su ombligo. Me molesta, no que se expresen opiniones -yo lo estoy haciendo ahora-, sino que éstas sean tan hipócritas. Echar la culpa a una personalidad superior, o no superior, pública, me parece que eximirse de culpas y creo que todos somos suficientemente mayores como para hacernos un poco responsables de ciertas cosas.

El cambio empieza en uno mismo, o eso dicen, ¿no?

sábado, 14 de mayo de 2016

"Yoryor" Mistakes

Si pudieras retroceder en el tiempo 
siendo consciente de todo, 
¿eliminarías algún momento?, 
¿te abstendrías de cometer algún error?

Son muchas las veces que he escuchado a la gente decir que sí 
¿Por qué? 
¿Por qué renunciar a una parte de nosotros? 
Si somos como somos es precisamente porque hemos sido como hemos sido. 
Si no hubieras hecho aquello de lo que 'te arrepientes' 
no habrías sentido la culpa ni el remordimiento que te habrían hecho dejar de hacerlo hoy, 
¿no?

Ojo, que no estoy diciendo que no debamos arrepentirnos,  
sino que esa es la señal que delata que realmente hemos aprendido del error.  
Simplemente digo que... bueno, ¿por qué cambiar algo que nos ha hecho madurar?  
Hacemos lo que hacemos porque algo nos impulsa a ello,  
si en ese momento lo vimos bien y ahora no, pues ya está,  
hemos aprendido a través de la acción-reacción que no nos lleva a ninguna parte,  
¿y? ¿es eso malo acaso? ¿no es precisamente una ventaja?

Lo verdaderamente preocupante sería haber cometido x error 
y ni siquiera darse cuenta de ello; 
y aún peor sería darnos cuenta y ni siquiera rectificarlo, 
ni siquiera cambiar de actitud ante situaciones similares porque 
ya lo dijo Einstein -o eso se comenta-
'Si siempre obtienes el mismo resultado, 
tal vez debas cambiar la forma de hacerlo'.

Hay momentos que requieren reflexionar, 
pero hay otros en los que deberíamos repeler los pensamientos  
y dejarnos guiar por los sentimientos; 
dejar salir las emociones, que no somos robots, que no pasa nada por mostrarlas de vez en cuando. 
Confía en ti,  
Confía en la gente, 
Los monstruos solo existen en nuestra cabeza, 
si ellos dicen que nos caeremos, seguramente lo hagamos porque nos están empujando; 
si ellos dicen que x nos apuñalará, a veces provocaremos que lo haga porque ellos han 
malmetido -esto no siempre es así, no digo que no, ehh-. 
Y no temas la caída o la puñalada, si llegan, que lleguen, 
¿el hecho de temerlas, harán que las sufras menos? 
"Pues sí, porque ya estaré prevenido/a"

PUES NO. MEC. ERROR.

Eso es mentira; sufres igual, pero te consuela más decir 'ps, lo sabía' a decir '¿cómo ha podido 
ser?' 
Así no van las cosas. Así no consigues nada. Así que déjate de excusas disfrazadas de miedos absurdos 
y tira "p'alante" porque, al contrario de lo que piense el resto, y al contrario de lo que a veces 
puedas pensar tú,

 sí que puedes.

***


Gracias por haberme leído :)

martes, 2 de febrero de 2016

Imagina...


Que te encuentras en una sala oscura que no llega a ser tétrica en la que la única luz que hay es la del foco de arriba que te alumbra. En el centro de la sala hay una mesa rectangular y varias sillas alrededor; en uno de los lados hay varias, pero en el otro, solo una. Te acompañan dos personas desconocidas que se van sentando y tú, solo un poco desconcertado, te sientas en la que queda, la que está 'sola'.

Tras una serie de preguntas sobre ti, estas personas te preguntan sobre algo que te encante y tú, entre que te pilla de improviso y tienes mucha hambre, respondes:

-La buena comida
-¿Algo más concreto?
-Hm... los dulces. Me encanta la tarta de queso.
-La tarta de queso... - repite el que tienes justo enfrente - Bien. Te proponemos un trato.

Tú ladeas levemente la cabeza mientras mantienes el ceño fruncido.

-¿Un trato? - vacilas.
-Un trato - responde una voz femenina que no había hablado hasta ahora - Podrás disfrutar todos los días de un pedazo de tarta de queso.
-¿Qué? ¿es en serio?
-Aún no he terminado. El pedazo de tarta será igual de grande que el primero que te cortaste todos los días y no podrás renunciar a él ninguno de los 365 que lo tomarás.


Y ahora pregunto, ¿tú qué harías?
Lo más normal sería aceptar, ¿verdad? un pedazo de tu tarta favorita todos los días del año, así, de gratis. Por favor, dónde hay que firmar.
Eso diríamos en caliente, pero ¿te has parado a pensar en el asco que le cogerías a esa tarta? La acabarías aborreciendo, ¿no crees?

Bien, pues en mi opinión, ahí reside la esencia y la gracia de muchas situaciones que se dan en la vida. Ahí está el sentido del refrán 'lo bueno, si breve, dos veces bueno' que personalmente tanto me costaba entender de pequeña. 
Disfrutar de cada pequeño detalle, agradecer que ha ocurrido o que se nos ha dado x cosa o circunstancia por muy corto que se nos haya hecho porque ¿quién sabe cuándo se volverá a dar? 

Y si crees que no ha sido suficiente,  piensa que es precisamente esa brevedad lo que te ha hecho apreciarlo en su totalidad.

domingo, 15 de noviembre de 2015

'I see humans, but no humanity'

Sí, me veía en la necesidad de expresarme en cuanto a la masacre de París. O más bien, y, le pese a quién le pese, aprovechando el hecho en sí.
En primer lugar, recalcar mi cada vez más profunda pérdida en la fe humana. Quien me conoce sabe que siempre busco lo mejor de la gente, su lado bueno, porque pienso que todo lo malo que hacemos en el fondo es fruto de cualquier cosa que le ocurre a la persona en sí -subnormalidades aparte. Pero es que entre unas cosas y otras, me cuesta cada vez más mantener ese pensamiento. No puedes fiarte de nadie, no puedes dar un paso sin tener que estar pendiente de pies ajenos que puedan ponerte la zancadilla e incluso darte cuatro patadas para rematar cuando ya te has caído. Vivimos en un mundo en el que la competitividad, el orgullo y el simple hecho de querer ser mejor, priman sobre otros valores que derivan del amor -compasión, generosidad, sinceridad,....
Es algo que vemos en las guerras y es algo que hemos visto en la catástrofe más reciente de la capital francesa. Los yihadistas, con el pretexto de dar una lección a los franceses por insultar a su dios -pretexto porque es obvio que hay más razones detrás-, querían mostrar su superioridad creando el pánico al grito de 'Alá es el más grande' o 'Esto es por Alá'. Entonces sacamos todos las banderas tricolor y nos consternamos. Nos quejamos del mundo y de cómo está 'Qué asco', 'Cada vez estamos peor',... Y a mi, con los pelos de punta aún pensando en lo sucedido, se me ocurre pensar '¿Perdona?' ¿Lo vemos día a día y necesitamos que haya más de un centenar de muertos cerca de nosotros para darnos cuenta? Es decir, esto lleva ya un tiempo, no es nada nuevo, pero claro, es cuando nos salpican a nosotros cuando nos molestamos. Abrimos fuego con juicios ante estas atrocidades e incluso ante la gente que las comentan cuando nosotros mismos nos comportamos así con cualquiera. Pisamos si hace falta para ganar, en vez de tender la mano para ayudar. En vez de enseñar, en vez de confiar. Miedo me da pensar en lo que pasaría si se hiciera realidad el supuesto de la conocida película de 'La purga', seguro que más de uno sacaría a relucir un yo que desconocen a su alrededor.
'Debes ser el cambio que deseas ver en el mundo'
Mahatma Gandhi

'Para cambiar el mundo, empieza por cambiarte a ti mismo' dicen por ahí. Y no hay frase que pegue más para esta ocasión. En serio, el corazón se me encoje pensando en la desgracia de París, pero es que se me encoje aún más pensando en el resto de desgracias. En las que ocurren fuera y no sabemos y en las que pasan a nuestro alrededor y ni siquiera tenemos en cuenta. A la sociedad le inquieta más una crisis monetaria que una crisis de valores. Y, por supuesto, damos mucha más importancia a la inteligencia racional que a la inteligencia emocional.



viernes, 11 de septiembre de 2015

¿Será verdad?

¿Será verdad que el tiempo pasa tan rápido que sientes como si te atropellara sin darte apenas la posibilidad de decidir hacia dónde saltar para salvarte y de repente PUM?
¿Será verdad que todo cambia, o lo será que en el fondo sigue igual? ¿Serán verdad las dos cosas?
¿Será verdad que no eres realmente consciente de lo que deberías valorar porque crees que nunca lo perderás? ¿Será verdad que en realidad no lo valoras tanto? ¿Será verdad que ese nunca se rompe un día de repente? ¿Y será verdad que lo hace por no haber valorado lo perdido, o quizá para que aprendamos a valorar lo que nos queda?

¿Será verdad que el destino existe, que está escrito? ¿Y en tal caso, estará escrito con permanente o con humo de una hoguera imaginaria? ¿Lo cambiamos nosotros o ya se había establecido así?

¿Será verdad que tenemos capacidad de decidir? ¿Será verdad que deciden por nosotros? ¿Será verdad que decidimos lo que nos implantan que debemos decidir? 

¿Será verdad que existe la libertad?
¿Será verdad que hacemos lo que queremos y no lo que nos hacen creer que queremos o incluso lo que pensamos que queremos por no querer lo que se supone que nos hacen creer que queremos?
¿Será verdad que es molesto leer continuamente en tono interrogativo? ¿O lo que realmente molesta son las preguntas en sí? ¿La falta de respuestas tal vez?
¿Será verdad que no nos entienden? ¿Será verdad que a veces no hacemos porque nos entiendan? ¿Será verdad que otras muchas, ni siquiera concebimos que nos entiendan y nos obcecamos negándolo? 

¿Y tú? 

¿Haces por entender al resto?
¿Qué preguntas te haces? ¿Qué respuestas consigues?
¿Haces lo que quieres? 
¿Por qué decides lo que decides?
¿En qué crees?
¿Qué valoras y qué no?
¿Cuánto has cambiado?
¿Realmente aprovechas el tiempo en hacer lo que quieres hacer?

domingo, 2 de agosto de 2015

EnQuijotados

Dime, ¿no te ha pasado?
Te levantas un día y lo ves todo mal. No tienes ganas de nada y parece que te pesa el cuerpo. Espera, que te digo porqué: te has levantado con la armadura puesta.
La armadura es la pieza base de una buena defensa y es por eso que, cuando nos levantamos de mal humor, nos la ponemos. OJO, NOS la ponemos. Porque damos por hecho que la vamos a necesitar. 
Desde el momento que nos levantamos, somos conscientes de que todo lo que nos venga será malo y contraproducente cuanto menos; nada, ni aunque nos digan lo bien que estamos trabajando o lo guapos que estamos hoy, nos hará cambiar de opinión, ya que nosotros mismos nos encargaremos de pasarlo por el filtro de la enajenación y encontrarle un lado malo. 
Bien. Nosotros estamos con nuestra armadura, lanza en mano, dispuestos a todo. "¿Y me lo dices ahora, después de tanto tiempo?" contestas al del trabajo. "Así que hoy estoy guapo... entonces el resto de días qué estoy feo, ¿o qué?" le dices a tu abuela. Sus caras de shock provocan un levantamiento de ceja que reafirma que vas en serio. Y en el fondo, en el fondo oscuro aquel en el que no ves nada, te sientes mal. Pero no puedes evitarlo, son gigantes que van a por ti y tienes que defenderte.


Continúas tu ajetreado día, e incluso días entre constantes batallas con otros tantos gigantes hasta llega uno que te vence. Igual es el más pequeño e insignificante de todos, pero después de todos los demás, verte derribado era cuestión de tiempo. Entonces te quedas en el suelo, y ves como el resto de gigantes a los que supuestamente  habías reducido, se van levantando y se hacen más grandes. Tú, solo ante el peligro, mantienes esa actitud defensiva como un valiente pero en realidad estás asustado. Por supuesto, intentas que no se note, pero se hace cada vez más difícil. 
Todo está perdido pero sientes unos toques sobre el hombro, te giras, diriges tu mirada hacia arriba y ahí está, tu compañero de fatigas sonriéndote como nunca. Te ofrece la mano y tú la miras debatiendo si necesitas ayuda o puedes con ello solo. Miras hacia los gigantes, y tras una última y pequeña meditación, coges la mano amiga y te levantas. Otra sonrisa satisfecha de tu camarada que señala hacia atrás. "Mira". Te giras y "¿qué? ¿cómo puede ser?". Los gigantes han desaparecido. Son molinos. Simples molinos cuyo único peligro se puede dar si te acercas sin una cierta cautela. Pues sí. Es que te has encabezonado tanto con la idea de que son más de lo que parecen y te has empeñado tanto en enfrentarlos tú solo sin atender a razones que... Menos mal que ahí estaba tu fiel compañero. Ese que nunca te abandona pase lo que pase.

A veces creemos que podemos con todo nosotros solos. No pedimos ayuda porque creemos que no la necesitamos o porque creemos que debemos prepararnos por si algún día nos vemos solos de verdad. Tal vez por orgullo, o por no molestar. Son muchas las razones que nos llevan a actuar así. Pero es un error. Un gran error. Que sí, que todos somos muy fuertes y hemos pasado por miles de cosas; que alguna que otra se habrá pasado sola, o no y es lo que pensamos. Pero aseguro una y mil veces que, aceptar que somos débiles, es uno de los mayores actos de fortaleza. Así que ya sabes, querido lector al que agradezco enormemente haber llegado hasta aquí, porque wow qué pesada soy si te ves en apuros y necesitas ayuda, simplemente, pídela.

lunes, 2 de marzo de 2015

"Yo, mí, me, conmigo, para mí, mío"

Nos cuesta tanto apreciar a las personas que nos rodean. Nos cuesta tanto darnos cuenta de que, en nuestra individualidad, no estamos solos. Darnos cuenta de que no somos el centro del mundo. Nos cuesta demasiado dar las gracias, pedir perdón o saludar a los vecinos. Ya ves tú, decir "hola" o  "hasta luego". Nos cuesta mover entre 15 y 17 míseros músculos para dedicar una pequeña sonrisa al del bus o a la dependienta. O lo que es peor, a veces hasta nos cuesta aceptar la de otros: "¿qué mira ese?" "¿qué quiere?". Vivimos en una sofocante burbuja que nos exime de lo que ocurre a nuestro alrededor. Y que nadie toque nuestra zona de confort porque "vi en las noticias que hay mucho violador suelto y seguro que ese hombre que me está mirando lo es", o porque "esa chica que me está hablando en realidad quiere algo más que saber dónde está el centro, está clarísimo".


Y esto con personas que no conocemos, porque ahora viene lo mejor. Me refiero a las personas que sí conocemos. Esas personas que por x circunstancias se han cruzado en tu vida y con la que has intercambiado como mínimo tiempo, que ya es, y oye, se da que después de un tiempo te la cruzas, os miráis y pensáis "¿saludará?" esperando que el otro lo haga, vaya a ser que hagas el ridículo o que quedes por debajo porque igual ni se acuerda de ti y quedas como el culo... 

Otra buena. Los amigos, ya no conocidos, amigos. Bueno, ex amigos. Esos que sufren una mutación y se convierten en estrellas fugaces que rara vez puedes ver. Suele pasar que de repente, un día, aparecen entre las sugerencias de alguna de tus redes sociales y tú los miras para ver cómo les va. Suele pasar que, si se da el extrañísimo caso de que te las encuentras en algún sitio y os veis, haya un intenso juego de miradas en el que algo te paralizará como para decir algo, o en el peor de los casos, te obligará a acercarte y preguntar falsamente por su vida cuando ya lo sabes todo y no porque él o ella te lo hayan dicho, sino porque eres un/a cotilla que, en el fondo, aún recuerda con cierto cariño aquellos buenos momentos pasados con esa persona. Después de una corta conversación cargada de "ya no tenemos nada que ver", todo termina en un "¡pues a ver si sacamos tiempo y nos vemos!" que todos traducimos en un triste pero cierto "no nos vamos a ver, pero como despedida queda bien". 

Y las más horribles faltas de respeto que se pueden dar. Las que cometes con las personas a las que se supone que más quieres. Esas personas con las que has compartido y aún compartes la mayor parte de tu tiempo. ¿Cómo? Eso es lo peor. No nos damos cuenta, pero son las personas con las que más pecamos y todo porque tenemos la certeza de que entenderán tus deslices. Pero pequeño/a, te revelaré algo: son personas como tú. Sí sí, y como tú, también se cansan. Se cansan de que llegues tarde, de que las dejes tiradas a última hora, de que no saques tiempo ni para llamarlas (bueno, o whatsappearlas) para preguntar "qué tal" de vez en cuando, de que no aprecies que ellas sí lo hagan, de que no seas capaz de sacar un mínimo de 5 minutos para verla porque "tengo muchas cosas que hacer, otro día" y de que pidas perdón por todo esto y más y sigas haciéndolo. La lista es interminable por desgracia, pero así somos. O así nos hemos vuelto: personas egoístas que viven SU vida sin contar con que irremediablemente SU vida forma y está  formada por un poco de la de los demás. 

Aunque personalmente no me extraña, cada vez menos. Está más que comprobado que las personas actuamos la mayoría de veces como fichas de dominó y que al toque de una, otra cae y hará caer a otra y así infinitamente. Y es que es así. Por ejemplo, cuando alguien de tu entorno tiene una mala contestación cualquier día, lo primero que se suele hacer es pensar en lo imbécil que es y tomar represalias para la próxima. Y dirás "hombre no, si te parece". Y yo diré "¿has pensado en si tal vez le pasa algo,? o en las veces que lo has hecho tú por lo que sea, ¿te habría gustado que te la hubieran devuelto así sin más?". No sé,  no digo tampoco que haya que entregarse al resto, primero tú y luego los demás, está claro. También lo está que cada persona es un mundo y reacciona de forma distinta en cada situación. Pero es que parece que el pensar mal, ser egoísta y no reparar en el resto de vez en cuando se está volviendo en algo normal y, sinceramente, a mí no me lo termina de parecer.


------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Llamadme loca o algo, pero yo lo veo así. 
Ahora, quien lo diga, que explique porqué, que sinceramente estaré encantada de ver otros puntos de vista. 
Ale, mi indignación y yo damos las buenas noches :*

viernes, 14 de noviembre de 2014

Transformar en recuerdos el rencor

Me acuerdo de ti, ¿sabes? Me acuerdo de ti después de todo, y no sería una novedad sino lo estuviera admitiendo de tan buena gana. A veces, por alguna razón, me acuerdo de los buenos momentos que me diste y, evitando pensar en la cristalización que provocas en mis ojos, sonrío. A pesar del desprecio y el rechazo que siento la mayoría de veces, a pesar de las muchas razones que me has dado para dejarme con las ganas de escupirte (da gracias a la educación que, sin tu ayuda, me han dado), a pesar de todo, a veces sonrío.

Debo ser profundamente tonta si aún confío en las personas. Si aún me permito el lujo de sonreír ante situaciones que jamás volverán a pasar, teniendo a la persona que protagoniza ese recuerdo como buena solo porque en un momento dado me dio un pedazo de su cariño y un tajo de su tiempo para compartir conmigo una ilusión. Porque visto lo visto, los recuerdos no son más que eso ¿no? Ilusiones. Son una sucesión de imágenes, al fin y al cabo inexistentes, que se guardan en nuestra memoria y que van perdiendo nitidez con el paso del tiempo hasta el punto en que nosotros mismos llegamos a modificarlos y moldearlos, casi, a nuestro gusto. No digo que todos, pero la mayoría, probablemente sí. El caso es que sí, a veces me siento tremendamente estúpida queriendo pensar que en el fondo, todos tenemos un lado bueno, y que, aquel que parece que no, también. Que esconde su bondad por delirios que le han llevado a ello, por desajustes mentales que no les permiten quitarse su escudo. Me siento tonta, pero a la vez me gusta seguir pensando así. La gente es buena, pero hay a quien no le han enseñado correctamente a serlo. Porque es así, a lo único a lo que nos enseñan es a memorizar cosas que olvidaremos, a superar al resto en vez de a nosotros mismos, a esconder aquellos gustos que al resto no convenzan, nos enseñan que las emociones no se pueden expresar, que, o te acaban haciendo daño, o son una ñoñería. Hasta qué punto hemos llegado, hasta qué punto para que nos cueste alcanzar ese climax de felicidad en el que sabemos lo que queremos y no tememos manifestarlo. En el que vamos con la cabeza alta con pasos que dicen "Aquí estoy". El juego de la fila de fichas de dominó en el que al tirar una, caen todas, ha dejado de tener gracia, dejémonos de "me han hecho daño, ya no confiaré más" porque solo conseguiremos tirar y ser tirados una y otra vez. Vivamos sin miedos ni ataduras. Eso sí, sin ser tontos tampoco: el que tiene suficiente sangre fría como para clavarte el puñal una vez, puede volver a hacerlo; a menos que éste se arrepienta de verdad, a menos que ese hermano de Pepito Grillo interior que todos tenemos al que conocemos como intuición te diga lo contrario, no confíes.


Por eso, aún albergo una esperanza respecto a todos, aún pienso que hasta el peor, con su daño interior que inconscientemente le hace ser así, guarda un pequeño cachito de humanidad que espera crecer, tú incluido, porque aunque jamás te lo haré saber porque no te lo mereces, aún sonrío cuando me acuerdo de ti, padre.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Sailens

A veces pasa que no paramos de hablar, de contar pequeñas minucias que nos suceden en el día a día sólo para desviar la aflicción que, probablemente, se dejaría entre ver con el silencio. Porque sí, no niego que éste no sea bueno, lo es. De hecho es un regalo, ya que si os fijáis, es algo de lo que no podemos gozar en ningún momento. Estamos prácticamente rodeados de sonidos y cuando se da la suerte de que todo el mundo calla, es tu mente la que habla.

 Pero ese es otro tema. Yo me refiero a cuando prefieres hablar para evitar tus pensamientos porque en ese momento no te conviene escucharlos. Porque sabes que hay un pinball dentro de ti en el que alguna reflexión golpea tu cabeza, tu estómago y tu corazón. A veces hasta alzas la voz, ni siquiera por transmitir alguna información, ni si quiera esperando que realmente te escuchen, sino sólo por intentar superar a esa molesta voz interior que te atosiga con recuerdos, especulaciones, acusaciones y qué se yo. A veces se te va de las manos y alzas la voz en un grito frustrado, llegas a escupir veneno en forma de palabras que sabes que no deberías decir. Lo sueltas esperando que éste llegue a otro con quien poder discutir para descargar tu ira absurdamente, y, sobretodo, para así tener una excusa por la que estar mal de verdad y desviar la atención del auténtico problema. 
Pero pagarlo con el resto no vale para nada, es como combatir fuego con fuego, solo sirve para hacerte sentir peor de lo que ya estabas. Que los problemas se solucionan enfrentándolos con la mente fría y manteniendo alta la cabeza, y aunque de primeras suene difícil, piensa siempre que por algo se empieza. 
______________________________________________________________________________

Pues a escasas horas de partir a Segovia ando, como no, con insomnio y mil cosas en la cabeza. ¡Pero es lo que hay! Espero que este grito en voz baja se haya escuchado y más aún, que haya gustado, a pesar de que la inspiración no me haya acompañado mucho hoy ):. 
Besicos :)

martes, 2 de septiembre de 2014

La curiosidad mató al gato... o no



Las incógnitas nos seducen, nos atrapan en una incertidumbre que nos ahoga y a la vez nos atrae haciendo detonar nuestra curiosidad. Sucumbimos a su efecto mediante preguntas y nos cuestionamos sobre todo.
Aún sabiendo que la respuesta no nos gustará en absoluto, es indefectible: necesitamos escucharla. Aún sabiendo que, tal vez, ni tan siquiera tendrá una, es inevitable: necesitamos exteriorizarla. Es así, somos curiosos por naturaleza.
Sin embargo, por todos es sabido que la curiosidad mató al gato cuando éste descubrió la verdad, y es que a veces, el miedo a conocer la respuesta o incluso el gusto de mantener el misterio, es más fuerte que todo ese halo de desconocimiento, y por ello, preferimos continuar viviendo una mentira disfrazada por nuestra mente.

Con el tiempo, he aprendido que este "pánico" por preguntar se acentúa, y así solo logramos renunciar a nuestras raíces. Un niño, cuando está en esa etapa de descubrimiento del mundo, comienza a preguntarlo todo, y si no obtiene respuestas, no le importa, él las busca. Pero conforme crecemos, adquirimos un extraño miedo a preguntar, tal vez por ser juzgados y calificados de imbéciles, o tal vez por alguna de las causas anteriores... quién sabe, supongo que cada caso es distinto. Pero, haciendo más hincapié en lo oculto, personalmente me llama la atención eso de que a veces prefiramos ahorrarnos disipar cualquier duda, ante la posibilidad de imaginar la respuesta que nos gustaría recibir, una forma más de engañarnos y fabricar nuestra propia felicidad, supongo. En mi opinión, hay que preguntar hasta la saciedad, hasta la pesadez, después de todo, la información es poder ¿no?

___________________________________________________________________________
BUENO, a ver si retomo ambos blogs de una vez y de verdad, que va siendo hora!! entre el carnet, lo viajes, la uni... se hace difícil, y más cuando tiene que comenzar de cero y la inspiración se toma vacaciones indefinidas. Menos mal que parece haber vuelto. PARECE, cruzaré los dedos, chanchanchan..

domingo, 27 de mayo de 2012

Cambios y más cambios

Impotencia, una de las palabras que parpadean con luz roja cada vez que miro atrás. Supongo que nos ha pasado a todos, pensamos en como eran nuestras vidas hace apenas unos meses y todo ha dado un giro de 180º; sin embargo puedo asegurar, y es que ASEGURO, AFIRMO, así con mayúsculas y todo, que mi vida no es que haya dado un giro de 180º, es que ha dado como tropecientas vueltas a toda velocidad. Y es que he perdido mucha, muchísima gente en poco más de medio año. Para ser sinceros, nunca fui de expresar mi sentimientos ¿vale? pero a esa gente la quería como si de hermanos se trataran y bueno, al comprobar que no era recíproco, me he pegado el hostión de mi vida. Ahora me veo sola, si, salgo con gente de cuando en cuando, pero joder, no es lo mismo para nada y me entristece el hecho de pensar que tal vez la culpa ha sido mía por no haberlos sabido cuidar. Desde pequeña he sido una tía con confianza, dura, a la que se lo sudaba lo que el resto dijera, pero es que este año ha sido como una montaña rusa, mi personalidad se ha distorsionado pero con una brutalidad digna de ser calificada como bipolar, y no exagero: pasé de estar bien a estar deprimida, luego se me subió el ego una barbaridad por x situaciones, pero mis amigos me lo bajaron a la justa medida gracias a Dios, pero es que yo me lo seguí bajando cada vez más hasta quedar en nada y bueno, llegué a tener complejo de alfombra, y ahora estoy perdida, o sea, no se como soy ya ni como no soy, ni lo que haría en x situación ni nada; solo se que me paso los días llorando, hasta los huevos de todo y sin ilusión por nada.

Entonces es cuando planteo una duda existencial que me hago si no todos, casi todos los días, que por cierto, se puso de moda hace poco en los estados de tuenti (publicidad subliminal JEJE):
¿La gente cambia o con el tiempo te das cuenta de que son así? añado otra posibilidad y es si la hacen cambiar o simplemente se dejan. 
Me siento una egocéntrica al haber escrito sobre algo solo mío (aunque me extraña ser la única a la que le pasa/ha pasado) pero la verdad, si lo he hecho es porque lo necesitaba y nada, agradezco a quien haya tenido la paciencia de leerlo y aún más de contestar lo que sea. Un besito lulú :)

miércoles, 6 de julio de 2011

La vida no deja de sorprenderme. Es como una montaña rusa, tan pronto estás arriba disfrutando de toda la adrenalina que ello supone y gritando de la emoción con mariposas en el estómago, como bajas inesperadamente y con el corazón en un puño pensando 'cuándo acabará esto'.

Los momentos en los que te encuentras abajo son jodidos, insufribles, a veces se te pasan mil y una cosas por la cabeza y ninguna de ellas agradable, sin embargo sirven para algo. Para que valoremos y vivamos intensamente los buenos momentos cuando se nos presentan.
________________________________________________________________________________________
Sigo sin saber qué escribir. Ah! siento no haberlo hecho antes por supuesto! (tampoco es que nadie me haya echado de menos) quiero decir, que he estado de aquí a allá y bueno eso... Siento no escribir como debería, ojalá me inspire pronto.
Besos <3